martes, 4 de octubre de 2011

Trigo...

Qué diablos te ronda la cabeza, y donde se pierde el azul de tus ojos, nena.
Qué universos destapan tus suspiros y de dónde viene el milagro que pregonan tus caderas.
Cuántos misterios se esconden en tu cuello...


No eres de por aquí, ¿verdad? Yo tampoco...


¿no ves que traes campos de trigo, cuando muere la mañana,
y cuando ríes tiembla el sol en las cuevas de la Castellana?


Mueves con tu pelo el calor que desprendes y acaricia mi cara.


Eres trigo.
Y yo soy la brisa que se pierde en tus campos dorados, y termina estremecida en el mar de tus ojos.


Ahí vienes otra vez: tres, dos, uno...



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