sábado, 11 de junio de 2011

Cuando las musas llegan deprisa y a destiempo te dejan la sonrisa de la Mona Lisa, que ni es llanto ni sonrisa. Y te dejan versos como estos:

Te quiero como se quieren los sueños,
cerrando fuerte los ojos para parar el tiempo.
Así te quiero y te siento.


Brisa marina en mi cara,
Gotas en mi barba,
la Gran Vía repleta
y el frescor de la mañana;
el perro que bosteza.
Así te quiero.



La mayoría de esos versos se quedan en el tintero y casi nunca vuelven.