miércoles, 17 de noviembre de 2010

Soneto II: Sobre la sordera de las gentes.

Mucho ruido se escucha en nuestros días
y muchas voces hay en la palestra,
en conjunto questas cosa funesta
dando por producto gran galimatías.


Se habla mucho y se dice muy poco,
se oye escándalo y nada se escucha,
que son tiempos de orador de pelusa;
tiempo de la conjura del loco.


Y en esta situación llamó mi atención.
Que yendo en el vagón quedé perplejo,
al ver tal silenciosa conversación.


¡Aquel que Dios le dotaba no hablaba,
mientras dos sordomudos con sus manos
de argumentar y exclamar no cesaban!

3 comentarios:

  1. Te echo de menos.

    (Es lo más auténtico y sincero que podía comentarte...).

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  2. Son mudas las palabras,
    mudos los mensajes.
    El silencio también es palabra
    que atraviesa los fractales sordos.

    Lo que para unos son muros y cuerdas,
    para otros son muros y manos.
    Cruzar las palabras
    de un lado a otro,
    saltar las fronteras que nos separan
    de la introspeción,
    a un mundo que se pierde y que desborda información.

    Si hemos perdido el valor de las palabras,
    usemos las manos.

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  3. Como no puedo usar las manos, uso la palabra para abrazarte. Gracias

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